Las empresas pesqueras de Manta enfrentan hoy la misma paradoja que reveló el caso Horizonte Azul: sus indicadores financieros crecen mientras el recurso que sostiene ese crecimiento se deteriora en silencio. Ingresos y captura total —las métricas que normalmente se reportan a bancos, socios y autoridades— son señales rezagadas: cuando finalmente muestran una caída, la biomasa ya lleva años en declive y la recuperación es mucho más costosa y lenta que la prevención.